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23 de mayo de 2021

Nuevo texto y artículo dedicado a Jose Manuel García Sánchez en el periódico de Santutxu

Hace algún tiempo escribí una entrada dedicada a José Manuel García que tuvo un gran número de visitas. Un mes después, en la sexta página del número 82 del periódico de Santutxu correspondiente a Marzo de 2021, el hijo de Jose Manuel le dedicó un artículo que podéis leer pinchando aquí. Quería daros las gracias por el apoyo que tuvo el anterior texto. Tenemos que agradecer también a Santutxu y + que le hiciera un hueco a la figura de José Manuel, sin duda se lo merece. Por último un saludo para David, quien me ayudó a cambiar algunas cosas del texto que os muestro a continuación.

Gotas de agua

Te confieso que tengo un poco de miedo, en realidad mucho, estoy aterrado. Sin embargo todas las primeras veces generan ansiedad, así que saco las llaves de mi bolsillo y cruzo el umbral de la puerta con la vieja bisagra rechinando a mi paso. Estoy solo, noto un gélido frío que me hiela los huesos. La estancia es amplia y desordenada. Siempre me agobió la zona de los ciclistas y los montañeros, con todos esos bártulos y bombonas apiladas. La claraboya emite un ruido al recibir una gota del cielo donde estás.

Es de día y no enciendo las luces, prefiero estar con menos estímulos disfrutando en soledad de tu recuerdo. Doy unos pasos y veo enmarcado el retrato de Veselin Topalov, en realidad es la reproducción ampliada de uno de tus sellos firmada por él. Tú mismo te encargaste de prepararlo y que te lo firmara, no sin antes regalarle otro a él. ¿Qué hubieras hecho si hubieras tenido la ocasión de conocer a tu  ídolo homónimo José Raúl Capablanca? Respiro profundo para conectarme conmigo mismo y me doy cuenta de que el local necesita ventilación. Sin embargo no abro las ventanas, no quiero oír el ruido de los automóviles o los peatones como en tantas partidas que hemos librado aquí.

Observo las vitrinas de nuestro armario repletas de títulos, algunos de ellos tienen tanto polvo como años. Sonrío amargamente, en tu idilio con este club nunca hubo un receso en cuanto a triunfos ni espacio para el minimalismo. Abro sus puertas y me reciben las copas oxidadas obtenidas mucho antes de que naciera, me pregunto qué historia hay detrás de cada una de ellas. ¿Quiénes participaron en ese torneo por equipos? ¿A qué maestro derrotasteis para conseguirlas? Algunas de ellas muestran logotipos y nombres de empresas o bares que hace décadas que dejaron de funcionar, envolviendo de incertidumbre a sus trabajadores. El inexorable óxido cubre ya a muchas de ellas, como huella del paso del tiempo. Son fósiles de toda esta historia.

Siento que no estés aquí para hablar conmigo, sí, ya sé que las penas son nuestras mejores maestras, ¿pero qué puedo aprender de esto? Dejo ya las copas antiguas y me voy a las modernas. Sobre el armario, camuflada en aquella colmena de trofeos, está la que busco. Qué alegría haber sido parte de aquel triunfo, de demostrar que a veces David puede vencer a Goliat. Creo amigo mío que la lección es que por duro que te golpee la vida, siempre has de seguir hacia delante con ilusión. Ya he acabado con ésta cuando veo vuestra fotografía de 1965 con la copa en la localidad jarrillera. Abro de nuevo la puerta de la vitrina, mientras las gotas de agua siguen rompiendo con la precisión de un metrónomo la claraboya. Ocupa un lugar preferente en uno de los estantes, es la primera y la más grande de cuantas tenemos. La asgo con dificultad y la contemplo brevemente antes de devolverla a la alacena. Supongo que la competición debió ser muy dura para entregaros como premio una copa de semejante peso.

Poco a poco estoy más sereno, he encontrado algo de paz entre tanto caos interior. Paso ahora a las estanterías de los libros, podemos decir con orgullo que tenemos la mejor biblioteca de cuantas he visto como nómada de los trebejos. Primero acudo a los viejos, la colección de Fundamentos con muchos volúmenes donados por ti, Escaques, Bruguera...Tratados del bueno de Pachman, recopilación de partidas de Alekhine, obras del Dr. Euwe de ediciones limitadas Catalán... De aquí podríamos sacar material suficiente como para hacer una tesis doctoral de añeja literatura ajedrecística. Muchos de estos libros están tan ajados... Entonces capto la presencia de uno que recopila las partidas de Bobby Fischer y me roba una sonrisa. Es el primero que extraje de la biblioteca en mi adolescencia, el que me indujo a perder siempre con la Siciliana Najdorf. Aún está forrado, me pregunto si fuiste tú quien lo protegió de mi avidez lectora. La nostalgia me empieza a carcomer el corazón, ¿acaso cualquier tiempo pasado fue mejor?

Es hora de visitar las estanterías de libros nuevos. Es allí donde, entre tanta nueva adquisición, encuentro uno de los libros donados y autografiados por ti. ¿En cuántas planillas habrás firmado, amigo? ¿Cuántos ajedrecistas habrán disfrutado de tu presencia? ¿Le habrá jugado alguien más a Anand el Gambito Elefante en una simultánea? Sonrío travieso mientras recorro las páginas amarillentas y las huelo evocando un pasado feliz, como un recuerdo grato de una infancia o un reencuentro con tu primer amor. Vaya, no pensé que un mero libro podría hacerme sentir así. El duelo nos hace vivir siempre nuestras experiencias con una mayor intensidad.

Las lágrimas fluyen como corriente por mis mejillas, sin darme cuenta. Pongo una presa al río apretando los ojos. Sin duda era mejor entrar aquí solo, con el silencio propio de nuestro deporte y la única compañía de mis sentimientos. La melancolía, la añoranza y la nostagia se viven mejor así.

Accedo al interior del arcón, repleto de tableros y cajas de madera, y me hago con lo que necesito. Abro la caja y coloco los trebejos sobre el tablero, sólo entonces saco mi vieja planilla arrugada del bolsillo. Reproduzco nuestra partida con dificultad, el paso del tiempo ha convertido el calco en un código indescifrable, y es que ya ha pasado demasiado tiempo desde que se disputara aquel torneo. No obstante, consigo recrear la magia detrás de la combinación táctica con la que me derrotaste. Viéndola con perspectiva me siento algo tonto, después de un fracaso los planes mejor elaborados parecen absurdos. En cualquier caso, gracias a tus enseñanzas como compañero de equipo en la liga de clubs, ninguno de nosotros se sintió fracasado porque conseguimos convertir cada derrota en enseñanza. Una de esas lecciones que no sólo son aplicables al ajedrez, sino a la vida.

Devuelvo el material al arcón y dejo caer un poco la tapa, emitiendo un ruido sordo que rompe el silencio. Me acerco entonces al tablón de anuncios, huérfano de trípticos que nos informen de los futuros torneos. La marea pandémica arrastra todo cuanto encuentra a su paso. Aún recuerdo a mi yo adolescente entusiasmado con la posibilidad de recabar allí información sobre los próximos torneos, en los que si acudía siempre terminaba por encontrarte.

Este local, que no sólo ha vivido historias relacionadas con los 64 escaques sino también historias personales de amistad y compañerismo, se queda huérfano de ti. No estamos preparados para acudir un viernes más aquí y no oír tu voz ofreciéndote a jugar una partida con un socio, un niño recién llegado o algún visitante ocasional. Ya no siento miedo, pero sí el dolor desgarrador en el pecho que me produce saber que nuestros caminos se separan y no volveré a verte. Los buenos recuerdos, sin embargo, persistirán.

Abro la pesada puerta y trato de cerrarla de un portazo rabioso pero me es imposible, la parte inferior roza con el suelo y me detiene el brazo, que no el llanto. Superado el obstáculo la cierro tranquilo. Comienzo a bajar las escaleras que dan al portal y salgo a un barrio atestado de gente. Tapado mi rostro con la mascarilla soy capaz de envolverme en la capa de la soledad, lo único que oigo son las gotas golpeando de nuevo, con la precisión del metrónomo, en mi cabeza.

31 de enero de 2021

Querido Jose Manuel

 Querido Jose Manuel,

Es tan duro escribir esto que no sé ni por dónde he de empezar. Supongo por tanto que lo mejor será comenzar por el principio, como en toda historia.

Yo ya conocía la sede de Zuri-Baltza por algunas concentraciones de la Academia Técnica de Ajedrez. A finales de los noventa, principios de los dos mil, aquel lugar irradiaba solera. Podías respirar la gloria añeja de los encuentros pasados contra la Peña Rey Ardid en los desgastados tableros de madera y el primitivo mural con piezas adheridas mediante velcros. Sin embargo, no fue hasta que ingresé con 12 años al club cuando conocí el capital humano que ofrecía aquel vetusto y frío local.

 

Allí estabas tú, con tu sonrisa perenne, siempre dispuesto a jugar y a trasladar tu pasión por el ajedrez a todos los jóvenes que ingresábamos por la puerta. Lo cierto es que tu ilusión sobrepasaba a la de todos aquellos chavales, pues la juventud se lleva en el corazón. La mayoría de aquellos imberbes proyectos de ajedrecistas se fueron tan rápido como llegaron, pero tú siempre permaneciste allí. Conociste y acompañaste a muchas generaciones de talentos, algunos se conviertieron en maestros y cambiaron de club, otros abandonaron el ajedrez por los estudios o sus primeras novias, pero todos guardaron un bonito recuerdo de ti. Y es que nunca te importó acercarlos a cualquier lugar donde se celebrara un torneo o asesorarlos sin pedir nada cambio. 

Thor Odinson 64: junio 2013

Recuerdo que poco después de acudir por primera vez a Zuri-Baltza te acercaste a ver mis partidas en un campeonato escolar, por el mero hecho de apoyarme y verte rodeado de un montón de críos que apenas sabíamos mover las piezas. Le diste a mi aita tu preciso informe sobre mis partidas y saludaste a tus amigos de la organización.

Daba igual que en aquel torneo infantil no hubiera nivel, los tableros y las piezas siempre suponían para ti un imán irresistible. Viajaste así por todo Euskadi, de torneo de la amistad en torneo de la amistad, disfrutando de tus amigos y su compañia. Tampoco te perdías nunca tu cita anual con Benidorm, donde solías compartir momentos con tu inseparable Alberto.

Te recuerdo siempre pegado a tu pequeña cámara digital, captando momentos especiales dentro y fuera de los tableros. Luego siempre había momentos para regalarnos tu instantáneas en papel, algunas de las cuales no sólo forman parte de la historia del club sino de nuestras vidas.

Daba igual que ya tuvieras una fotografía con Anand o con Topalov, toda presentación de torneo o fin de partida era buena para pedir una instántanea a tus ídolos. Te encantaba poder hablar con ellos y siempre te mostrabas muy agradecido por poder compartir un momento con ellos. Estar entre maestros tan fuertes te hacía sentir como un niño grande.

Por supuesto que no todo era viajar y jugar, a tu rol como socio fundador de Zuri-Baltza y dinamizador del club le siguió el de presidente. Trabajaste durante años por mejorar el club, incluso cuando ya eras muy mayor. Fue entonces cuando entré yo para coger tu testigo de 2015 a 2019. No fue fácil seguir tu estela, pero creo que logramos modernizar mucho el club y que quedaste muy satisfecho con los cambios que realizamos.

En esos años me percaté realmente de todo cuanto habías hecho por el club, de como con frecuencia cargabas sobre tus hombros con todo el peso de la organización de un torneo. Ejemplo de esto son los campeonatos cadetes y juveniles de Bizkaia que durante infinidad de años se llevaron a cabo en Zuri-Baltza gracias a tu desinteresada labor. Recuerdo cómo a una avanzada edad te encargabas de colocar tableros y piezas, poner a puntos los relojes y  preparar las planillas. El ajedrez era como un hijo para ti, estabas dispuesto a darle todo cuanto fuera necesario sin pedir nada a cambio.

A tus 76 años de edad, con esa fuerza de voluntad que te caracterizaba, abordaste la tarea de organizar los actos el 50º aniversario del club, a destacar la realización de una tirada especial de camisetas y un torneo social aniversario con una posterior celebración que jamás olvidaré. Guardo también cada una de las planillas de ese torneo y un sinfín de recuerdos asociados que me llevaré a la tumba.

Si hablamos de tus labores organizativas desinteresadas es imprescindible señalar todas las exposiciones filatélicas que llevaste a cabo en los Campeonatos de Euskadi, Bizkaia Chess and Gazte, etc. Tu colección de sellos de ajedrez, que con tanto cariño fue creciendo a lo largo de los años, es una de las más importantes del mundo. Disfrutabas ampliándola poco a poco, intercambiando correspondencia con coleccionistas de todo el mundo que te hacían llegar sellos.  Espero que tu familia encuentre la manera de que el trabajo de recopilación de toda una vida tenga continuidad. Este esfuerzo debe dejar un legado.

Tampoco debe ser despreciada tu colección de libros de ajedrez, que por su amplitud tuviste que trasladar a un amplio trastero dedicado en exclusiva al almacén de revistas, libros y todo tipo de material impreso.

Ahora bien, ¿qué decir de tu fuerza ajedrecista? Fuiste un fuerte Preferente, con un característica inclinación por la táctica. Los ritmos rápidos y tu estilo te pasaron factura en la última etapa de tu vida. En cualquier caso, a la avanzada edad de 75 años e invitado en la inauguración de manera improvisada, fuiste capaz de competir dignamente en el Campeonato de Euskadi absoluto de 2014. Me alegra haber podido vivir contigo con tanta ilusión nuestra victoria sobre Sestao en la final de Copa de 2013, fue todo un hito para un club de amigos el derrotar al todopoderoso equipo de la margen izquierda.

 

Esta maldita pandemia nos ha robado la salud, la posibilidad de abrazar y besar a nuestros seres queridos, la ilusión... Nos ha agravado o nos ha creado también problemas psicológicos como la ansiedad o la depresión. Todo el mundo está sufriendo mucho por la incertidumbre laboral, económica, el miedo a enfermar y muchas otros problemas. Es más difícil que nunca ver el futuro con optimismo y pensar que podemos salir de ésta. Sin embargo personas como tú, con la sonrisa permanente en la boca haciendo lo que les apasiona, son las que nos empujarán a salir de ésta.

Sólo muere lo que se olvida. Descansa en paz amigo, ten por seguro que tus amigos de Zuri-Baltza jamás te olvidarán.


Puedes llorar porque se ha ido, o puedes

sonreir porque ha vivido.

Puedes cerrar los ojos

y rezar para que vuelva

o puedes abrirlos y ver todo lo que ha 

dejado;

tu corazón puede estar vacío

porque no lo puedes ver,

o puede estar lleno del amor 

que compartiste.

Puedes llorar, cerrar tu mente, sentir el 

vacío y dar la espalda,

o puedes hacer lo que a él le gustaría:

Sonreír, abrir los ojos, amar y seguir.